Todos hemos escuchado alguna vez acerca de los espeluznantes y macabros ensayos pseudocientíficos en humanos que se realizaron en Auschwitz, Ravensbrück y otros campos de concentración en la época del exterminio judío por los nazis (por citar alguno de los más suaves ejemplos: el del Dr. Rascher y sus colaboradores, que investigaron sistemáticamente los efectos de la baja presión y de temperaturas extremas en personas con vida). A raíz de conocer aquellas horripilantes historias me interesé, y empezé a indagar sobre otras barbaridades que se han hecho en nombre de la ciencia en diferentes épocas y culturas. De éstas hoy les relataré una, que a pesar de ser muy poco conocida, me resultó realmente impactante y aborrecible.
En 1928 un grupo de macabros investigadores japoneses, encabezados por el médico-biólogo Susuma Asayama y apoyados por el gobierno nipón, se propusieron estudiar cuánto había evolucionado la inteligencia y habilidades innatas de los humanos, y analizar su comportamiento y desarrollo en un entorno incivilizado, sin la existencia de influencias externas. Para tal fin reclutaron a hombres de mediana edad sin recursos económicos (en su mayoría presos), que a cambio de prometerles una pensión vitalicia para su familia (la cual en realidad nunca recibieron), y una supuesta libertad para ellos, aceptaban en entrar a formar parte de un experimento sin retorno.
Una vez iniciado el proyecto a todos ellos se les privó, mediante una sencilla operación, de la capacidad de hablar, y se les envió en dos grupos independientes (ninguno de los colectivos conocía la existencia del otro) a una isla inhabitada del pacífico. A ambos grupos los establecieron en regiones alejadas, con la intención de que tardaran muchos años en encontrarse. La finalidad del experimento en realidad no era estudiar a estos reclusos, que ya eran personas civilizadas, sino hacer que éstos sirvieran unicamente de guías (maestros) para una nueva generación (que ya crecerían sin ningún influjo externo). Por lo tanto a aquella isla, a aquellos dos grupos, además de los reclusos también llegaron niños pequeños, huérfanos; y nuevamente sólo varones, para que el ensayo durara sólo una generación. Pero toda ésta estúpida idea tuvo un desenlace precipitado y mucho más trágico de lo que cupiera esperar…
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