May 27, 2005 | 10:27 am Categoría: Cine, Humor 
hoy me he levantado con el pie izquierdo...

Continúa desde: La Venganza de los Sith (Primera Parte)
Anakin hubiera preferido, sin duda, perecer en aquella nave víctima de un interminable cólico nefrítico, ahogado en su propia cagalera, en la más triste soledad, si supiera lo que se le avecinaba: Nada más bajarse, una entradita en carnes Padme le espera. “Cari, me has dejado preñada hasta las cejas” le escupe en pleno rostro, impertérrita, la ex-princesa. Sudores fríos recorren por completo el cuerpo del Jedi, toda su vida aparece ante sus ojos en un sólo segundo, se siente desfallecer. Se da cuenta que con el futuro niño vendría la boda, y con la boda se acabarían, además de sus borracheras de fin de semana (de esas que empiezan en Jueves y acaban en Domingo), sus frecuentes escapaditas con el resto de la troop Jedi a los barrios más sórdidos de la galaxia (al planeta Sodoma y Gomorra, a las saunas “sólo hombres” de Naboo -ahora comprenden el nombre-, y a la calle Montera de Madrid). Él era muy joven para sentar la cabeza, y además esa no era la Padme de la cual el se encoñó (a.k.a. enamoró) en el Episodio II. Aquella era aventurera y salvaje, embutía su virginal cuerpo de turgentes senos y respingón trasero en ceñidas mallas de cuero blanco. La de ahora era otro cantar: refonfa, sus pechos se habían caido, y se había revelado como una pasiva y frígida mandona (por algo era senadora). Lo de “Anakin no dejes tu sable tirado en cualquier lado” realmente le irritaba. Estaba firmemente dispuesto a hacerla tragar la píldora del día después (que con la ciencia tan avanzada ya incluso se podía suministrar hasta transcurridos 15 años desde el momento del embarazo) aunque tuviera que forzarla a abrir la boca tapándole la nariz, pero era un fracasado calzonazos, y cuando Padme le recrimina “¿Por qué pones ese careto, acaso no te alegras?”, pusilánime como pocos, fuerza una mueca lejánamente parecida a una lángida sonrisa y contesta “Claro… estoy super feliz, estoy super feliz”. Ha firmado su propia sentencia de muerte, y lo sabe. Desde ese momento nuestro héroe ya no podrá ni dormir, lo único que ronda por su cabeza es que excusa poner para desaparecer, y entonces se le ocurre una brillante idea: “Me paso al Lado Oscuro, hago el mal, la petarda ésta se desenamora de mi y así vuelvo a ser libre”.

La verdad es que lo peor con diferencia de la nueva trilogía son los momentos supuestamente románticos (especialmente traumáticos y malogrados en el Ataque de los Clones). Son de juzgado de guardía, para echarle de comer aparte. Comparando a Padme y Anakin con los Teletubbies, hacen que éstos últimos parezcan sacados de una obra cumbre de Shakespeare, pues en cualquier capítulo de nuestros coloristas amigos del “Abrazo Fuerte” se desarrollan relaciones de mayor profundidad y se genera mayor tensión sexual entre personajes que en cualquiera de las nuevas películas de la saga.

El día del juicio, la defensa de George seguramente esgrima que estaban atados de pies y manos para que encajaran las historias de ambas trilogías, cuando se les acuse por el paso tan abrupto de Anakin, de un lado al otro de la fuerza. Es demasiado rápido, y en mi opinión carente de sentido. ¿Cómo es posible que Anakin no se pare un segundo a pensar, que si quiere realmente a Padme, lo peor que puede hacer es ponerse a matar a niños a diestro y siniestro? ¿Por qué si tan seguro está que morirá en el parto no hace que aborte?. También es cómico el hecho de que una pareja que quiere ocultar su relación se vayan a vivir juntos, e inexplicable que toda una senadora, que vive opulentamente, rodeada de sirvientes robotizados, en un amplio y luminoso ático en pleno downtown no pueda permitirse realizarse una ecografía para ver si viene niño, niña o perrito piloto.

Mañana conoceremos porqué Anakin se transforma en Costantino Romero ! No se lo pierdan !

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